viernes, 22 de febrero de 2013
miércoles, 6 de febrero de 2013
AUTOESTIMA
La autoestima es un conjunto de percepciones, pensamientos,
evaluaciones, sentimientos y tendencias de comportamiento dirigidas hacia
nosotros mismos, hacia nuestra manera de ser y de comportarnos, y hacia los
rasgos de nuestro cuerpo y nuestro carácter. En resumen, es la percepción
evaluativa de uno mismo.
La importancia de la autoestima estriba
en que concierne a nuestro ser, a nuestra manera de ser y al sentido de nuestra
valía personal. Por lo tanto, puede afectar a nuestra manera de estar y actuar
en el mundo y de relacionarnos con los demás. Nada en nuestra manera de pensar,
de sentir, de decidir y de actuar escapa a la influencia de la autoestima.
En virtud de este razonamiento, incluso
los seres humanos más viles merecen un trato humano y considerado. Esta
actitud, no obstante, no busca entrar en conflicto con los mecanismos que la
sociedad tenga a su
disposición para evitar que unos individuos causen daño a otros—sea del tipo
que sea.
El concepto de autoestima varía en función del paradigma
psicológico que lo aborde (psicología humanista, psicoanálisis, o conductismo). Desde el punto
de vista del psicoanálisis, la autoestima está íntimamente relacionada con el desarrollo
del ego; por otro lado, el conductismo se centra en conceptos tales
como «estímulo», «respuesta», «refuerzo», «aprendizaje», con lo cual el
concepto holístico de autoestima no tiene sentido. La autoestima es
además un concepto que ha traspasado frecuentemente el ámbito exclusivamente científico para formar parte del lenguaje popular. El budismo considera al ego una ilusión
de la mente, de tal modo que la autoestima, e incluso el alma, son también ilusiones; el amor y la compasión hacia
todos los seres con sentimientos y la nula consideración del ego, constituyen
la base de la felicidad absoluta. En palabras de Buda, «no hay un camino hacia la felicidad, la felicidad es el
camino.
La capacidad de desarrollar una confianza y un respeto saludables por uno mismo es propia de la naturaleza de los seres humanos, ya que el solo
hecho de poder pensar constituye
la base de su suficiencia, y el único hecho de estar vivos es la base de su
derecho a esforzarse por conseguir felicidad. Así pues, el estado natural del ser humano debería corresponder
a una autoestima alta. Sin embargo, la realidad es que existen muchas
personas que, lo reconozcan o no, lo admitan o no, tienen un nivel de
autoestima inferior al teóricamente natural.
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